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La “China” Brasileña (II)

Continuando con estas historias de Manaus, nos quedamos en el puerto.  Es un destino natural, escondido y cercano al pulmón del mundo. O sea, a respirar el poco aire puro y libre que nos queda en el planeta. La opción más utilizada en Manaus es el transporte fluvial, con barcos de variados tamaños y tipos, adaptados para el transporte de cargas y/o pasajeros. Desde aquí uno puede ir a casi cualquier rincón de la Amazonia más cómodamente que por carretera. Los precios van desde 40 hasta 350 reales, dependiendo del destino. Para ir hasta a Belem, por ejemplo, el viaje tiene una duración de 3 días y el costo es de 140 reales aproximadamente. Para Santarem es la mitad del tiempo y casi la mitad del costo. Si quieren un concejo, pueden regatear a los que venden los pasajes en el puerto, escuchamos casos de personas que van trabajando en el barco y pagan muy poco por viaje. Nosotros intentamos hacer eso pero no convencimos Gilson (vendedor), queríamos ir a Santarem ida y vuelta, trabajando de lo que sea en el barco, pero lo menos que nos podía dejar el viaje para nosotros dos era en 200 reales. Lo más que podiamos pagar era 140 reales. Bueno en otra ocasión será, mientras nos ponemos a tono con algun libro de autoayuda para tener poder de convencimiento.

Al salir el sol, el puerto es todo un carnaval de colores; y, sabores para aquellos que tienen reales claro. Para los que tienen poco, nos conformamos con los colores. Desde muy temprano llegan los viajeros y familiares para pasar el ultimo día juntos en el puerto, donde tantas veces se han encontrado y tantas veces se han despedido. Se ven muchas caras felices y muchas caras tristes. Aunque la gente de esta ciudad es muy alegre, siempre estan dispuestos a regalarte una sonrisa, el puerto se convierte en un tunel del tiempo que hace brotar los sentimientos mas escondidos y los mas visibles. El presente y el pasado se despiden para darle un lugar, a cada viajero, en un futuro incierto para muchos y un futuro posible para otros. Atrás queda Manaus. Ahora mientras el río y la selva es el único camino, y mientras transitan por esta especie de seudo-limbo, la vida de algunos jamás volverá a ser la misma de antes.

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La “China” brasileña (I)

Toda vez que viajamos nos encontramos frente al “otro”. Estar expuestos al terreno de lo desconocido siempre trae consigo anecdotas memorables (y aun cuando regreses a un lugar que conozcas bien, las experiencias nunca son las mismas). El encuentro con los locales es una parte muy importante de nuestra experiencia en todo recorrido. En esta nación multicultural de crecimiento descontrolado, el puerto no es solo un lugar, es estado mental. Un turista en busca del mejor puerto de Brasil, encuentra una y otra vez que la gente de este país tiene cada uno su favorito, muchos de ellos recuerdan el puerto de Manaos. Los encuentros con todos aquellos que se han dejado seducir por el ritmo del puerto y del río, van descubriendo una relación muy especial con Manaos.

Manaos no existe hasta 1850. Es decir, nace con el mercadeo del látex. Enseguida, en 1866, el río Amazonas es abierto a la navegación internacional y la ciudad, situada a orillas del río Negro (uno de los mayores afluentes del Amazonas) y en el corazón de la selva, madura pronto. Entre 1890 y 1910 se cree una capital cosmopolita y lo cierto es que lo parece: es la primera ciudad brasileña en gozar de electricidad y a pesar de su anclaje amazónico tiene tranvía, mansiones, nuevos ricos, puñados de extranjeros y, claro, un teatro de la ópera. Este teatro se convierte en símbolo del “París de los trópicos” y recibe a grandes compañías e intérpretes europeos. Todo viene de Europa: artistas, cuadros y hasta las tejas que conforman la emblemática cúpula del Teatro Amazonas, un casquete con los colores nacionales que en su época se apreciaba desde cualquier rincón de la ciudad. Incluso desde el puerto flotante construido por los ingleses en 1902, muelle en el que se resolvieron destinos y se cobijaron ambiciones, donde el dinero pasó sin ser visto y desde donde ya se olía la miseria de la selva. Donde la riqueza y el lujo se paseaban sorprendidos, ignorantes de cómo habían llegado hasta allí.

En Manaos, el lugar más agitado, con más vida y colorido es el puerto. Lleno de los barcos típicos amazónicos que llegan y se van con todo tipo de mercancías y gentes. Todo el tráfico portuario del Río Amazonas pasa por este Puerto, el más importante. Nombrado Patrimonio Histórico el año 1987.  Es interminable a lo largo de todo el río que pasa por la ciudad, que al contrario de lo que piensa mucha gente, no es el río Amazonas, si no su principal afluente el Río Nero (Río Negro).  Hay muelles de todo tipo, de pasajeros, carga, militares, etc. Desde aquí uno puede ir a casi cualquier rincón de la Amazonia más cómodamente que por carretera. Pero no hay excesivo orden, ni indicaciones, así que lo que se quiera encontrar, hay que ir recorriendo los diferentes muelles uno a uno, y buscar y preguntar. Lo cual no es tarea sencilla ni agradable, ya que la basura, y el barro están presentes por doquier y además huele realmente mal, por la descomposición al sol de todo tipo de peces, basura y animales muertos.

El puerto es una colorida mezcla de gente corriendo activamente en torno a embarcarse o desembarcarse, cargar o descargar los buques que llegan de prácticamente de todos los rincones del universo amazónico, excepto donde las cascadas o los rápidos bloquean el camino.  Si te fijas en la gente que anda por los puertos de Manaos, te darás cuentas que son bajitos, pero si te fijas bien verás que no lo son, sólo que tienen las piernas cortas. Porque?. Bueno pues, es porque acostumbran a cargar y descargar los barcos llevando la mercancia a la espalda. Y no creas que por donde tienen que andar es una zona lisa y arregladita, sino que es arena, piedras y por si era poco, algunos tienen que subir unas escaleras. Que de cada dos veces que las subes te caes cuatro. Y no tienen problemas, todo se lo echan a la espalda, lo mismo da que sea un frigorífico, un armario ropero de cinco puertas o cinco cajas de cerveza.  Nuestro mas sincero respeto y admiración a esta gente que trabaja como exclavos desde las 5 de la mañana hasta las 7 de la noche, por unos pocos reales, que les aseguran la comida y el hotel a muchos.

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